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Guía de supervivencia fotográfica en tu relación de pareja: Las vacaciones
21 agosto 2009Aqui os dejo una noticia de backfocus que me ha llamado mucho la atención, espero que os guste.
Seguro que habéis escuchado más de una vez eso de que durante los meses de verano es cuando se registran los mayores índices de ruptura en las parejas. El exceso de tiempo libre con un aumento de los roces cotidianos es en la mayoría de casos la principal causa, y ser un adicto a la fotografía no soluciona el problema, más bien lo agrava.

Hace tiempo que asumí que ir de viaje a algún destino exótico con mi santa novia equivale, tarde o temprano, a que esta se mosquee conmigo por culpa de la cámara. Lo reconozco, yo no viajo para descansar o ver de pasada los cuatro puntos turísticos de turno, lo hago para descubrir un nuevo mundo de imágenes a través del objetivo de mi cámara (puede que suene cursi, pero es así). Cuando lo hago, el tiempo no existe y no me importa esperar 30 minutos de pié en el mismo lugar a la espera de que una maiko pase exactamente por donde yo quiero. El turista medio llega y se va, y es entonces cuando nosotros hacemos nuestra foto.
Pero por mucho que me guste la fotografía, tampoco quiero pasar a engrosar las estadísticas despidiéndome de mi pareja, así que en mi último viaje, aprovechando los 1.700 Km de carreteras infames por los que hemos circulado (con alguna paradas para sacar panorámicas ;) ), le di unas cuantas vueltas a todo esto tratando de descubrir las claves para poder compaginar ambas cosas: fotografía y pareja. Os cuento algunas de mis conclusiones...
- Ve al viaje con los deberes hechos. Aunque al final las mejores fotos son las que no te esperas, existe un enorme número de postales predefinidas que todos queremos traernos de los sitios que visitamos. Mira lo que otros han hecho, decide lo que tu quieres hacer y planifica minimamente cuando y como hacerlo. Así podrás ir a tiro hecho ahorrando mucho tiempo en el proceso.
- Aprovecha los amaneceres. No solo dispondrás de una luz fantástica y evitarás al resto de turistas, sino que probablemente tendrás un mínimo de dos horas hasta que tu pareja se despierte. Resérvarle el atardecer a el/ella (aunque no guardes la cámara por si las moscas).
- No hagas fotos porque sí. A veces es difícil resistirse a fotografiar algo que nos ha llamado la atención desde todos y cada uno de los ángulos, focales y composiciones conocidas por el hombre. No lo hagas. Si es algo que no va a ir a ninguna parte como un paisaje, un elemento curioso o el vendedor de un puesto de frutas, párate, respira profundamente y dedícale unos segundos a pensar LA FOTOTM. Como mínimo, dividirás entre diez el número de disparos redundantes e innecesarios, agobiando menos a tus compañeros de viaje. Además, cuando vuelvas del viaje no te encontrarás con diez millones de fotos iguales con variaciones mínimas entre si. Una cosa es asegurar LA FOTOTM y otra muy distinta ser un pesado cansino.
- Hazle fotos a tu pareja. Lo creas o no, después de tirarte dos horas fotografiando la fauna local de la República Dominicana para tu "proyecto documental" sobre las bellezas del Mar Caribe, es hasta posible que tu novia se empiece a sentir un poco celosa. No cuesta nada sacarle alguna foto de vez en cuando, enseñársela y recordarle la buena pareja que hacéis cogiéndola por la cintura y pidiéndole a algún nativo que os haga una foto juntos. Recuerda que no has ido allí solo y que ninguna dominicana se va a preocupar de prepararte un caldito de pollo cuando estés hecho una piltrafa en cama con fiebre
- Estas de vacaciones, que se note. Y por último, pero no menos importante, descansa. Vale que todo eso de "descubrir un nuevo mundo de imágenes a través del objetivo" suene maravilloso pero el mundo no se va a acabar por que un día dejes la cámara colgada del hombro (solo para fotos de pareja o emergencias) y te limites a disfrutar del lugar, la compañía y todo lo demás.
Espero vuestras opiniones, experiencias y trucos en los comentarios. ¡Bievenidos al Diario de (Patricia) Miguel!
Pie de foto: Ayer fui una vez más al estupendo Zoo de Fuengirola con mi novia. Entramos a las 11 de la mañana y al solicitar la entrada con cena, la chica de la taquilla nos alertó que el tiempo aproximado en que se suele visitar el zoológico es de unas 2 o 3 horas. Ya lo sabíamos. Trece horas después, a las 12 de la noche (horario de verano), salíamos del recinto: yo con las tarjetas llenas y cara de felicidad; y mi novia al borde del colapso preguntándose qué demonios hace aún conmigo.
Publicado por www.backfocus.es
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